Cada territorio cuenta con tradiciones artesanales propias que reflejan la relación entre sus habitantes y el entorno natural. En el municipio jiennense de Valdepeñas, una de esas tradiciones con arraigo histórico es la elaboración manual de las sillas de enea, un ejemplo de cómo la artesanía puede conservar el alma de un lugar.
Este tipo de sillas, elaboradas con fibras vegetales extraídas de una planta típica de zonas húmedas, forma parte del legado cultural del municipio. Desde tiempos remotos, la fabricación de estos muebles ha sido una actividad transmitida de generación en generación.
¿Qué es la enea?
La enea, también conocida como espadeña o totora, es una planta herbácea que crece en pantanos, riberas y marismas, alcanzando hasta dos metros y medio de altura. Pertenece a la familia de las tifáceas y destaca por sus largas hojas verdes y tallos robustos, que culminan en unas características espigas cilíndricas de color marrón. Estas fibras han sido utilizadas desde la antigüedad para fabricar todo tipo de objetos: desde cestas hasta los conocidos asientos y respaldos de las sillas de enea.
Una materia prima resistente y flexible
La elección de la enea para la fabricación de sillas no es casual. Sus hojas son tenaces, alargadas y muy flexibles una vez tratadas, lo que permite entrelazarlas de forma resistente y cómoda. Tras la recolección en estado verde, las hojas se secan completamente para evitar su deterioro. En el momento de ser trabajadas, se vuelven a humedecer para recuperar su elasticidad y así facilitar su trenzado.
El proceso artesanal continúa al formar cuerdas mediante el empalme de los tallos. Estas cuerdas se ajustan en grosor y densidad para conseguir un asiento uniforme y duradero. Gracias a estas cualidades, las sillas de enea son conocidas por su resistencia y longevidad.
Una tradición con raíces profundas
El uso de fibras vegetales para crear mobiliario tiene siglos de historia. En el antiguo Egipto ya se fabricaban muebles con juncos y hojas de palma, como se ha podido comprobar en piezas encontradas en la tumba de Tutankamón. La antigua Grecia y Roma también empleaban fibras similares en la confección de sillas y otros elementos del hogar.
Durante siglos, la enea fue uno de los materiales predominantes en las viviendas rurales. En muchos hogares formaba parte del ajuar de boda y era común tallar las iniciales familiares en cada pieza. Las sillas de enea se fabricaban en distintos tamaños: para niños, para adultos, y también modelos conocidos como “sillas de la abuela”, pensadas para descansar frente a la chimenea.
El recuerdo de tardes de verano en la puerta de casa, sentado en una silla de enea mientras se conversaba al fresco, permanece aún muy vivo en la memoria colectiva de muchas familias andaluzas.
Una artesanía que aún perdura
A pesar de la industrialización y el abandono paulatino de algunas labores tradicionales, todavía quedan artesanos en Valdepeñas de Jaén que mantienen viva esta herencia cultural. Estos profesionales, herederos de oficios familiares, continúan elaborando sillas de enea siguiendo las técnicas ancestrales, con esmero y respeto por el entorno.
En el blog de Turismo Valdepeñas de Jaén, puede encontrarse un artículo detallado sobre el origen de las sillas de enea, una pieza imprescindible para comprender la riqueza patrimonial de esta localidad de la Sierra Sur jiennense.
Una muestra más de que las raíces artesanales de un pueblo no solo perduran, sino que siguen ofreciendo valor cultural, turístico y emocional a quienes deciden descubrirlas.
Deja una respuesta